37. Estela discoidal vasca – Panteón Uruñuela
- Actividad: Músico
- Fecha Nacimiento-Muerte: 1891-1963
José Tomás Uruñuela (*1891 Vitoria +1963 San Sebastián). Aunque licenciado en Ciencias Químicas, desde joven mostró interés por la música, siendo su padre, el también músico Dimas Uruñuela, su primer maestro. En los años 20, con el impulso cultural regionalista del I Congreso de Estudios Vascos, creció el interés por recopilar música y folclore vasco. Aita Donostia lideraba esta labor, y Uruñuela participaba activamente en las sesiones musicales celebradas en el convento de capuchinos de Lecaroz, considerado origen del Nacionalismo Musical Vasco. Durante su exilio en París en la Guerra Civil se acercó a la danza clásica, experiencia que aplicó al fundar una academia de ballet en San Sebastián. Entre sus obras destacan "Aita Gurea", "Maitia nun zira", "Aurresku Vizcaíno", "El Clavelín de Bendaña", "Dance National Basque" y composiciones para txistu.
Dentro del espíritu de recuperación de la tradición vasca, destaca el uso de la estela discoidal para recordar al musicólogo vitoriano. En 1958, con el monumento funerario de la calle San Marcial 200, se introdujo por primera vez en el cementerio de Polloe esta tipología, considerada un símbolo del arte y cultura vasca. Desde entonces, se han levantado 76 ejemplares, en los que predominan la cruz flordelisada, la cruz de Malta, el lauburu y los motivos solares.
La estela de Uruñuela, por sus dimensiones y material, se asemeja a los modelos antiguos. A través del emblema, recurso típico en estelas medievales, se representan sus cualidades: una lira como símbolo de trovador y una pluma por su faceta de compositor. La tipografía empleada sigue el trazo del llamado "estilo vasco", y las siglas G.B. hacen alusión al pensamiento Goian Bego.
En este cementerio destacan también otros ejemplos, como la antigua estela reutilizada de San Francisco Javier 333, con una cruz flordelisada al frente y un motivo vegetal en el reverso, o la de San Marcial 273, que incorpora el logotipo "antinuclear" diseñado por Eduardo Chillida en 1974.
Según Fray Pío de Salvatierra, cuando se colocaba a Don José en la caja mortuoria, un alumno suyo introdujo en ella una calavera que el maestro guardaba en su habitación, indicando que si algún día se exhumaba el cadáver, se hallarían dos cráneos en su interior.