26. Monumento Cruz Roja
- Año: 1899
- Promotor: Cruz Roja de Guipúzcoa
- Solicitante: Ayuntamiento de San Sebastián
- Arquitecto: Juan Muguerza
- Maestro de obras: Juan Muguerza
- Ejecución: Altuna
El 14 de septiembre de 1898 llegaron a San Sebastián, por vía férrea, 102 soldados repatriados tras combatir en Santiago de Cuba. La travesía desde allí hasta Santander la realizaron en el vapor Satrústegui, de la Compañía Trasatlántica. Tras una breve estancia en un sanatorio de la capital cántabra, fueron trasladados a nuestra ciudad. Este fue el mayor contingente de repatriados que acogió San Sebastián. Pertenecían a distintos regimientos y, en su mayoría, eran de origen vallisoletano, gallego y aragonés. Llegaban enfermos y heridos. En los días siguientes fueron llegando otros soldados de forma individual, entre ellos varios donostiarras.
Fueron muchas las personas que se acercaron a recibirles, tanto de instituciones provinciales como municipales. La Cruz Roja estuvo representada por su presidenta, la señora de Altube (esposa del alcalde Miguel Altube), la duquesa de Mandas Cristina Brunetti, Concepción Brunet, la señora de Bermejillo, la señora de Lataillade y otras mujeres, todas ellas integrantes de esta institución humanitaria. En una sala de descanso se ofreció un refrigerio a las personas repatriadas y sus acompañantes, compuesto por caldo, huevos, leche y jerez.
Se prepararon camillas para trasladar a las personas más débiles hasta los coches que llevarían a 72 repatriados al Hospital Militar y al resto al Hospital Provincial de Amara. Quienes llegaron después fueron trasladados al Sanatorio San Ignacio, en Miracruz, a cargo de la Cruz Roja.
Nada más llegar los repatriados, las damas de la Cruz Roja de Gipuzkoa iniciaron una campaña de recogida de donativos. Estos se entregaban en forma de dinero o mediante el pago de estancias en los hospitales. Las personas responsables de la organización eran la presidenta y el presidente, señora de Altube y Sabino Ucelayeta, respectivamente, y el tesorero Silvestre Lasquíbar.
Una semana después de su llegada, los soldados que ya se habían restablecido comenzaron a recibir el alta. Otros necesitaron más tiempo para poder regresar a sus lugares de origen. Algunos, lamentablemente, no lograron superar sus heridas o enfermedades y fallecieron en esta ciudad que les acogió.
Por iniciativa de la Cruz Roja se levantó este monumento para acoger las cenizas de los repatriados fallecidos. La construcción fue encargada al taller de Tomás Altuna, quien firmó los planos el 4 de junio de 1899. En julio, el monumento funerario ya estaba finalizado. El taller marmolista colaboró de manera desinteresada, cobrando únicamente el coste del material. Para su ejecución se utilizó piedra caliza y mármol de Carrara en las planchas con inscripciones.
Aquí se encuentran inscritos los nombres de los 24 soldados que fueron enterrados, junto con el lugar del que procedía cada uno.
Las dos palmeras que flanquean el monumento simbolizan el destino de quienes aquí descansan, en tierra lejana, más allá del mar. No hacen referencia a la riqueza del “indiano”, sino a las vidas que se perdieron en aquel lugar.